
por Alfredo A. Roman
Desde el primer día mi visión contemplaba mejorar la calidad de vida de toda la zona de influencia donde se encontraba Exolgan. Una de las zonas más marginales de la provincia de Buenos Aires, totalmente abandonada y contaminada, sin servicios públicos, y con una población que padecía una altísima tasa de desocupación y de importantes niveles de exclusión.
Para mejorar este estado de situación se requería de medios económicos además de una sólida estructura organizativa y de un esfuerzo mancomunado por parte del Estado, del sector privado y de los vecinos. Esta acción fue iniciada desde Exolgan, como lo veníamos haciendo en todas las empresas en las que participo motivado por el ejemplo de mi padre que siempre estaba atento a ayudar a los que más necesitaban.
La crítica situación social y ambiental en Dock Sud era de tal dimensión que lo presentamos ante nuestros socios como un tema fundamental para posibilitar el desarrollo del negocio. Mis socios alemanes no sólo se sumaron a la iniciativa sino que nos impulsaron con más fuerza y compartieron su experiencia. También los clientes asumieron este desafío como propio y valoraban que con su trabajo pudieran estar haciendo una obra de bien.
En el año 1994 cuando estábamos en la tarea de habilitar el Puerto teníamos que dar solución a los accesos terrestres y los servicios de agua potable, luz, y cloacas al barrio Urquiza que está lindante así le siguió dar respuesta a la necesidad de viviendas y servicios básicos para 171 familias de la antigua Villa Anglo. En paralelo debimos afrontar un problema muy grave de contaminación. Cuando nos instalamos en Dock Sud los pájaros se morían en sus jaulas, la gente estaba enferma, hasta la pintura de las máquinas no soportaban la agresividad del medio ambiente.
Considerando todos estos desafíos decidí crear una organización que pudiera dedicarse exclusivamente a esta tarea. Así creamos en 1996 la Fundación Trabajo y Desarrollo Humano (TDH) con una clara misión: contribuir al desarrollo humano a través del ámbito del trabajo en un marco de desarrollo sustentable. La visión que tuvimos de la fundación fue siempre de una organización que mantuviera un perfil muy bajo, que no sea vista como cautiva de una organización, y que no manejara directamente fondos sino que pudiera ser un medio para dinamizar soluciones sustentables actuando con otros empresarios, con autoridades de gobierno y del ámbito político, e instituciones nacionales y privadas. En definitiva que actuara como una institución de segundo grado con capacidad para tener diagnósticos claros con soluciones posibles, y que promoviera un trabajo de equipo.
Con la Fundación TDH en marcha seguimos focalizando en los temas identificados como más acuciantes: la contaminación, la emergencia habitacional, la necesidad de contar con servicios públicos básicos, la precaria atención sanitaria, la inseguridad, la falta de propuestas de educación con salida laboral y de contención a las mujeres y niños.
Nuestras acciones se orientaron a remediar complejas situaciones de degradación y contaminación en el área del Dock Sud, actuando junto a los usuarios y vecinos de esta zona, las autoridades y otras organizaciones de la sociedad civil con interés en la problemática. Integramos el Comité e Interacción Público-Privada para la Gestión Ambiental del Cuenca Matanza Riachuelo con miras al saneamiento ambiental de la cuenca, el relevamiento del estado de situación y la elaboración del Plan de Acción Integral incluyendo la remoción de barcos hundidos y el traslado de los abandonados. También hemos organizado programas de control y cuidado del curso del agua de la cuenca en los partidos de Avellaneda y Esteban Echeverría. Nuestro programa Aguas Limpias, a través del cual hemos dispuesto de dos embarcaciones del tipo pelicano importadas desde Europa y elementos de apoyo que permiten extraer sobrenadantes y otras sustancias, tiene gran trascendencia para mantener limpios los cursos de agua en el Canal Sur y Dock Sud.
Paralelamente nuestro diagnóstico nos indicaba que debíamos contemplar con especial atención acciones de contención para los más chicos y los jóvenes adolescentes y encontrar un medio para paliar la grave situación de aquellos que no cuentan con un hogar bien constituido. Para esto desarrollamos Salones de Uso Múltiples (SUMs), espacios utilizados comunitariamente para diversos fines: educativos, deportivos y de recreación y también para el cuidado de los recién nacidos. En el SUM Plaza Renunciamiento que actúa con los vecinos del Barrio Urquiza, Anglo, Dock Sud e Isla Maciel, se brindan clases de apoyo escolar, de computación, talleres deportivos, actividades culturales y recreativas, capacitación en oficios, campañas de prevención y demás servicios comunitarios, incluyendo asistencia social y legal. En ellos funciona también un comedor que es atendido por las mismas madres del barrio. Otros centros, como el de Villa Tranquila, están orientados a un trabajo con una población más acotada adolescentes (12 a 18 años) con un claro foco en brindar a estos jóvenes la posibilidad de terminar la escuela, de capacitarse en oficios con salida laboral, de atender programas de rehabilitación, de recibir tutorías de algunas de las empresas de la zona, que dan contención y capacitación con salida laboral.
Estoy convencido que mediante estas acciones, en alguna medida, se suple la falta de contención del hogar; se ofrecen oportunidades de actividades recreativas, deportivas y educativas; y se prepara a los jóvenes para que desarrollen habilidades y mejoren sus condiciones para acceder a una oportunidad de trabajo en nuestras empresas o en otras de la zona. Durante todos estos años a través de la implementación de estos programas, proyectos y acciones, logramos mejorar en esta área de la provincia de Buenos Aires la infraestructura de los servicios esenciales, vivienda, educación, trabajo y cuidado del medio ambiente. El apoyo de los vecinos del barrio y las diversas instancias gubernamentales provinciales sumados a nuestros aportes, dieron como resultado los programas de urbanización de las antiguas villas de emergencias Inflamable, Anglo, Urquiza y Tranquila, de los barrios de Avellaneda, Dock Sud e Isla Maciel.
La experiencia nos señala lo valioso que ha sido despertar la responsabilidad social de cada uno de los actores, trabajar mancomunadamente, y lograr que los mismos vecinos sean los artífices del mejoramiento de sus condiciones de vida. Para esto, es imprescindible acompañarlos adecuadamente en el desarrollo de este liderazgo y facilitarles los medios necesarios.
Fundación TDH ha ganado en todos estos años un fuerte conocimiento de las necesidades reales de la gente de la zona. Esto, en la actual situación, nos indica que debemos poner foco en los SUMs y en la creación de fuentes genuinas de trabajo, a través de polos productivos y emprendimientos productivos sociales. Múltiples son las actuales líneas de acción impulsadas desde la fundación para mejorar la calidad de vida de las personas más vulnerables de la sociedad.
En todas nuestras empresas y en el seno de mi familia este accionar se ha instalado como una vocación natural que nos llena de orgullo. Hemos convocado a otros empresarios y otras ONGs para seguir trabajando en equipo por la inclusión a través de la educación y el trabajo. Somos una fundación de segundo nivel que actúa decididamente viabilizando soluciones para apoyar el desarrollo de los más postergados, y orientando nuestras acciones al mejoramiento de la calidad de vida de las comunidades en las que actuamos cuidando el medio ambiente donde vivimos.